PARARRAYOS RADIACTIVOS
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A inicios del siglo pasado, con la aparición de equipos industriales eléctricos se pensó también en la forma de protegerlos contra los devastadores efectos de los rayos. A la mano contaban con los pararrayos franklin, que tenía - y tienen - la limitación de tener muy poco radio de protección.
En 1,914 Leo Szilard teorizo que al adicionarse sales radiactivas al pararrayo franklin se incrementaba su radio de protección. En 1930 Gustavo Capart patento el primer pararrayo radiactivo – con sales de radio 226 – e inicio su comercialización e instalación a nivel mundial. |
| Físico Húngaro: Leo Szilard |
La propaganda publicitaria de los pararrayos radiactivos indicaba que estos eran más eficientes que los pararrayos franklin y protegían hasta un radio de 100 metros.
En 1960 la DIN (Normas Técnicas Alemanas) cuestiona la supuesta eficiencia de los pararrayos radiactivos, generándose gran polémica a nivel Europa.
En 1974 la Conferencia Internacional Contra Caídas de Rayos celebrado ese año en Yugoslavia, con participación de renombrados científicos como el Dr. Muller Hillebrand (Alemania), Berger (Suiza), Hubert (Francia), entre otros , se pronunciaron contra los pararrayos radiactivos, declarando “que no eran más eficientes que los pararrayos franklin y debían considerarse un engaño”. Por ese año el Comité de Normas de la Nacional FIRE Protection Association (NFPA) de los Estados Unidos aprobó un cambio considerando a los pararrayos radiactivos como terminales aéreos comunes, sin propiedades especiales.
Desde entonces los países que tenían instalados pararrayos radiactivos obligaron su desmontaje y desmantelamiento, ordenando a su vez se devuelva el material radiactivo (americio 241) a Inglaterra, país que la producía, específicamente a la Nicomed Amersham.
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